En este momento estás viendo El Covid-19 en Brasil. Por: Joselaine Raquel da Silva Pereira

El Covid-19 en Brasil. Por: Joselaine Raquel da Silva Pereira

(Texto escrito hasta el 14/06/2020)

La pandemia del COVID-19 se siente en Brasil de manera devastadora, el primer caso confirmado en el país ocurrió el 26 de febrero de 2020, y en 14 de junio tenemos 851.321 casos confirmados y somos el país con más muertes en recurrencia de la enfermedad en Latinoamérica: 42.802 individuos (Brasil arriba de todos, como prometió Bolsonaro en su campaña presidencial, refiriéndose a una supuesta superioridad de Brasil, que solamente se confirmó en relación a la irresponsabilidad del presidente y sus seguidores), pero a pesar de esto no faltaron las bromas que afirmaban que hasta el coronavirus esperó el fin de los carnavales para llegar a Brasil para no interrumpir las fiestas, y tampoco faltó la gente que creía ciegamente que ese virus no existe y que todo fue una estrategia “comunista” [en conjunto con el ex presidente Lula, el Partido de los trabajadores (PT), y el canal de televisión Globo] para dominar el mundo, debido a la ola de fake news en el país, apenas una pequeña parte de la sociedad brasileña está de hecho informada sobre la enfermedad, sus síntomas y sus consecuencias sociales.

La ciudad donde vivo actualmente, es Foz de Iguazú, queda en el Estado de Paraná, en la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina, y aquí la mayoría de la gente no le tiene miedo al coronavirus (o no creen que en verdad exista). No obstante, para este momento hay 82 casos confirmados y 3 muertes (14/06) hay muchísima gente en la calle, especialmente en la región norte, en los barrios de “Nova Andradina”, “Cidade Nova” y “Jardim Universitário”, que son zonas donde vive la clase trabajadora de la ciudad; los niños andan libremente jugando en la calle todo el día y mis vecinos hacen churrascos cada fin de semana como si la cuarentena fuera vacaciones, nadie utiliza tapabocas y llegan a burlarse de alguien que lo esté utilizando.

La cuarentena se inició en Foz de Iguazú el 17 de marzo, cerrando escuelas, universidades, puestos de salud y prácticamente todo el comercio, excepto los supermercados y tienditas de alimentación. Pero lo primero que volvió a la normalidad fue el comercio, a mediados de mayo hasta los centros comerciales e iglesias volvieron a operar, posteriormente, el 10 de junio volvieron a funcionar también las actividades de turismo (con obligatoriedad de someter a los turistas un cuestionario sobre posibles síntomas de COVID-19, distanciamiento social, uso de tapabocas, y alcohol gel), dejando cada vez más claro, cuáles son las prioridades para el gobierno de este país.

La mayor parte de escuelas y universidades públicas optaron por no dictar clases online, considerando que muchos de los estudiantes no tienen acceso a internet, y tampoco a celulares y computadoras para hacer las tareas. Así el gobierno del Estado de Paraná decidió transmitir las clases de las escuelas estatales por la red de televisión abierta, para que los niños menos favorecidos no se vean tan perjudicados.

Algunas universidades, como la “Universidade Federal da Integração Latino-americana” (UNILA), donde yo estudio hace más de 3 años concedió un auxilio económico para los nuevos estudiantes en situación de vulnerabilidad. En tal sentido, un total de 426 estudiantes recibieron el auxilio económico correspondiente a R$300,00 reales ($59,41 dólares en fecha 14/06). Por otra parte, el gobierno federal, después de mucha demanda por parte del pueblo, y también de algunos pocos políticos que se sumaron al pedido, aceptó ofrecer un auxilio de emergencia, conocido como “Coronavoucher”, para familias de renta baja, madres o padres solos, trabajadores informales y desempleados. El auxilio tenía el valor de R$600,00 reales ($118,83 dólares en fecha 14/06) concedidos durante 3 meses (abril, mayo y junio de 2020).

A pesar de eso, muchísima gente no tuvo acceso a ese derecho, ya sea por el tramite burocrático para inscribirse, o porque todo el proceso fue hecho virtualmente y muchas familias en Brasil no tienen acceso a la internet, especialmente indígenas y campesinos, pero también de la clase trabajadora urbana. No obstante, algunos de los que lograron inscribirse y fueron aceptados, pudieron recibir el dinero tras innúmeros días de intentos frustrados de conectarse a la aplicación creada por el gobierno (por la sobrecarga del sistema). Entonces se realizó un código que permitía a la gente sacar el dinero de la banca Caixa Económica Federal, donde se hicieron filas enormes tomando la distancia mínima de 2 metros entre las personas, como medidas optadas para el no contagio del Covid-19. Las filas en la banca para realizar el cobro del “Coronavoucher” traspasaban cuadras y cuadras por el desespero y el hambre de la gente. Muchos de los ciudadanos y ciudadanas que deberían recibir el auxilio no han logrado sacar la primera cuota hasta el día de hoy, y otros tantos siguen esperando el análisis del gobierno (hasta el 14/06).

La pandemia trae mayor atención internacional hacia Brasil y al presidente Bolsonaro, a consecuencia de las actitudes y medidas anti pueblo tomadas al respecto. Entre lagunas están: estar en contra de la cuarentena, incentivar y participar de manifestaciones que pedían el retorno del comercio a la normalidad, afirmando que el coronavirus es simplemente una “gripita”, y propagando mentiras acerca del tratamiento para la enfermedad con cloroquina, así como lo hacía Donald Trump en Estados Unidos. Además de burlarse de los muertos y muertas por la enfermedad en el país, e incentivar invasiones a los hospitales para sacar fotos y filmar las salas que están dedicadas a la atención de los pacientes de COVID-19, para saber si realmente hay infectados ocupando las camas que generan gastos al gobierno.  Porque para Bolsonaro se está destinando presupuesto innecesario para el enfrentamiento a la pandemia, con esto, él desmiente y censura las cifras de contagios y muertes dadas por el Ministerio de la Salud, datos que ahora solo pueden ser encontrados en las plataformas de los gobiernos estatales y organizaciones civiles independientes.

Al contrario de Bolsonaro, las “favelas” de São Paulo dan excelentes ejemplos y ganan visibilidad positiva en los medios. La comunidad de Paraisópolis, por ejemplo, organizó acciones comunitarias para distribuir almuerzos para los que más necesitaban y monitorear posibles casos de la enfermedad entre los vecinos de manera autónoma, sirviendo de modelo que puede ser replicado en otros sitios, a pesar de todas las vulnerabilidades sociales y físicas a que están expuestos. Por lo tanto, en diversos barrios y comunidades en todo el territorio brasileño se organizaron también acciones solidarias independientes para apoyar la población en el combate al nuevo coronavirus. Entre estas acciones estaban: donaciones de alimentos y utensilios de protección, organización de recolecciones de dinero online, servicios psicológicos virtuales gratuitos, promoción de cursos virtuales gratuitamente por parte de instituciones educativas públicas y privadas, elaboración de guías para ejercicios físicos y mentales para realizar en casa y producción de contenidos artísticos para entretenimiento durante la cuarentena.

Los pueblos indígenas/originarios de Brasil también están entre los que más sufren con la pandemia. Del mismo modo, estos sectores sufrieron diferentes epidemias durante la colonización europea. Sin embargo, hay una continuidad de esa lógica, y una neocolonización del gobierno estatal sobre sus territorios.  Los indígenas/originarios brasileños tienen una forma diferente de concebir la vida, muy distintos a la vida individualista urbana. De esta manera, no se adecuan al modelo de cuarentena propuesto por el gobierno, por la misma razón de vivir en viviendas colectivas y modos de vida comunitarios. No obstante, ya suman 279 indígenas fallecidos, 3307 infectados, y contaminando 99 de los 305 pueblos contactados en Brasil, la mayor parte en la región de la Amazonia (los datos son de la Articulación de los pueblos indígenas de Brasil, pues el Ministerio de la Salud solo contabiliza casos de indígenas aldeanos, lo que representa solamente un 60% del total). Además, la mayoría tampoco logró recibir los auxilios de emergencia, así sea por no tener documentos, por no tener cuenta bancaria o por no tener acceso a la internet, quedando dependientes de donaciones a través de internet o físicas, que también los exponía al contagio en el contacto con individuos de fuera de sus comunidades.

Otros grupos vulnerables son los sin techos, que no tienen acceso a los materiales de higienización y protección, tampoco a lugares donde realizar la cuarentena. También los presidiarios corren riesgo de contaminación por convivir en aglomeraciones y en pésimas condiciones sanitarias, aumentando la probabilidad de propagación del virus. De la misma forma, están los estudiantes de renta baja que dependen en gran parte de la alimentación escolar. los restaurantes universitarios, los trabajadores autónomos e independientes, y los asalariados que tienen que ponerse en riesgo diariamente tomando transporte público y movilizándose en la ciudad, y las empleadas domésticas que no fueron dispensadas de sus labores por patrones que están infectados y tienen que pasar por el aislamiento social en la casa de ellos.

Hubo un caso reciente de mucha repercusión en los medios y en las redes sociales, donde Mirtes Renata, una mujer negra, trabajadora doméstica, al verse obligada a trabajar en medio de la cuarentena, tuvo que llevar a su hijo Miguel junto a ella para la casa de sus patrones, pues no tenía donde dejarlo porque las escuelas están cerradas. Cuando le fue asignada la tarea de salir a pasear con los perros, la madre dejó al niño en la casa con la patrona para no correr ningún riesgo de contagio, y la patrona mandó al niño solo por el ascensor para que fuera detrás de la mamá, lo que acabó con la muerte del niño que se cayó del noveno piso de ese edificio. Esa tragedia que ocurrió en la ciudad de Recife, estado de Pernambuco, se dio en gran parte por negligencia de la patrona en los cuidados con el niño y en dejar que la empleada cumpliera la cuarentena en su casa recibiendo su sueldo normalmente. Además de mostrar un racismo estructural a que toda la población negra y pobre está sometida diariamente, pues la señora patrona fue responsabilizada por la muerte del niño Miguel y llevada a la cárcel, pero como era una persona de influencia en la ciudad, pagó una pequeña fianza y quedo está libre.

Una consecuencia positiva de la cuarentena es el efecto que la ausencia repentina de los seres humanos ha causado en el medio ambiente, con la recuperación de ecosistemas y elementos ya casi destruidos por acciones humanas. En la ciudad de São Paulo, apenas una semana del inicio de la cuarentena, los índices de polución atmosférica por gas carbónico (CO2) redujeron cerca del 50%, según los datos de la “Companhia Ambiental do Estado de São Paulo” (Cetesb), gran reducción del consumo de energía en el país durante los meses de cuarentena, y también de la polución de los ríos y mares por la extrema restricción del turismo y de las aglomeraciones de personas en áreas de recreación.

Por lo tanto, Brasil ahora es considerado el nuevo epicentro del virus en el mundo, porque además de tener enormes tasas de crecimiento del número de contagios y de muertos, hasta ahora el país solo ha realizado 3,4 testes por millón de habitantes y basado en este dato, los investigadores apuntan que el número real de contagios seria 11 veces mayor. El contexto histórico y político caótico que vivimos, principalmente por la ola de neofascismo, conservadurismo y desinformación que se dispersa por el país y por toda Latinoamérica, ha agravado todavía más los impactos negativos de la pandemia, haciendo que el pueblo dude de los medios oficiales de noticias y se informe a través de las fake news. Por otra parte, aumenta mucho los tipos de violencias (especialmente la violencia doméstica), pero más allá de eso, hay algunas personas que tratan de solidarizarse con los otros y organizar acciones de apoyo directas y comunitarias, manteniendo la esperanza en los días difíciles durante el Covid-19.

Deja una respuesta